Balotaje en Chile: un sistema que hace agua en el centro y en los extremos
En las elecciones presidenciales realizadas ayer la candidata de izquierda, Jeannette Jara (Partido Comunista), pasó a una segunda vuelta contra el derechista José Antonio Kast (Partido Republicano).
Aunque Jara obtuvo el primer lugar, su
victoria fue por un margen menor que el esperado, lo que otorga a Kast una
ventaja decisiva en el balotaje debido al previsible apoyo de otros candidatos
de derecha y la movilización del voto obligatorio.
La campaña estuvo centrada en la seguridad y
la economía, reflejando la decepción con el actual gobierno de Gabriel Boric.
La candidatura de Jara, asociada al oficialismo y al Partido Comunista,
enfrentaba ese doble lastre ante un electorado que se comporta en forma sumamente
volátil tras el levantamiento social de 2019.
La derecha, dividida entre tres candidatos
principales que aspiraban a la segunda vuelta (Kast, Mattei y Kaiser), se vio
sorprendida por un cuarto que casi entra al balotaje y plantea ciertas dudas
sobre cómo serán las cosas en el próximo balotaje, dentro de un mes, visto como
un plebiscito entre dos modelos políticos que aspiran a cerrar el ciclo
político abierto por el estallido social.
Victoria pírrica
El escenario post-electoral en Chile
presenta una profunda paradoja política. Si bien las urnas dieron el primer
lugar a la candidata de izquierda, Jeannette Jara, quien se enfrentará en
segunda vuelta al líder del pinochetista Partido Republicano, José Antonio
Kast, su victoria oculta una severa desventaja estratégica.
La noche electoral no consagró a la ganadora
de la primera vuelta, sino que aproximó el rearme de una derecha que, por
primera vez en años, aparece con posibilidades de unificación y de retorno a La
Moneda. Lo que se jugará el próximo 14 de diciembre es mucho más que una
contienda de candidatos; es un referéndum sobre cómo el sistema político
chileno se propone clausurar definitivamente el ciclo político inaugurado por
el estallido social de 2019.
La frágil victoria de Jeannette Jara
Para comprender la compleja posición del
oficialismo, es crucial analizar no solo el primer lugar obtenido por Jeannette
Jara, sino la calidad y el contexto de su victoria. Su porcentaje de votación,
lejos de ser un impulso, es un indicador de la salud debilitada de la coalición
gobernante y de su precaria capacidad de movilización de cara al balotaje.
El resultado numérico de 26,8% para Jara
constituye una victoria "semiamarga", ya que se sitúa por debajo del
apoyo con el que cuenta actualmente el gobierno y la posiciona con un margen de
menos de tres puntos sobre Kast, una base de partida extremadamente débil para
la segunda vuelta. Su candidatura, además, enfrenta un doble lastre que la
oposición supo explotar: la representación del Gobierno de Boric y el estigma
del Partido Comunista.
Como abanderada del oficialismo, Jara carga con el peso de un "gobierno desgastado" pero, sobre todo, que ha decepcionado profundamente a sus votantes. En palabras de sus oponentes, "fracasado", blanco natural del voto de castigo, una estrategia que Kast encapsuló en su consigna de campaña: "Jeannette Jara es Gabriel Boric".
Por otro lado, su militancia en el PC es un
factor que sigue siendo resistido por parte de la sociedad chilena y que genera
notable "incomodidad" en la propia candidata, quien dijo que consideraba
abandonar el partido si era electa, lo que podría verificarse de cara al
balotaje con la idea de que así ampliaría su base de apoyo.
En un intento por pasar a la ofensiva, Jara comenzó
a trazar las líneas de la confrontación directa, lanzando un dardo a su rival:
"Lamento que en los 16 años que estuvo de diputado nadie recuerde una sola
ley que haya sacado por el bien del país". Sin embargo, la fragilidad de
su posición se vio agravada por la emergencia de nuevas fuerzas que lograron
capitalizar con gran éxito el voto de descontento que ella no pudo retener.
El sorpresivo Parisi
El dato más revelador e inesperado de la
jornada electoral fue, sin duda, el resultado de Franco Parisi (Partido de la
Gente). Su éxito no solo lo consolidó en un sorpresivo tercer lugar, sino que
desnudó la existencia de un electorado clave que muestra la volatilidad del sistema
político tradicional y que será decisivo en el balotaje.
Con un impresionante 19,7% de los votos, Parisi se posicionó como el principal canalizador del descontento. Comprender el perfil de este electorado es crucial, pues revela una fractura en el mapa político tradicional. Se trata de votantes de "carácter bastante apolítico" que no responden a las lógicas tradicionales de derecha o izquierda. Más llamativamente, el Partido de la Gente es notablemente oportunista, al punto que el 12% de votos y la decena de legisladores obtenidos cuatro años atrás se dispersaron en transfuguismos varios que hacían impensable s desempeño de ayer.
Estratégicamente,
este bloque de votantes es de vital importancia para la segunda vuelta. Los
análisis sugieren que una parte significativa de este electorado, descrito como
"más dispuesto a castigar al gobierno", podría inclinarse por José
Antonio Kast, consolidando aún más la ventaja de la derecha. Esta dispersión
del voto de protesta contrastó de manera dramática con la rápida y contundente
unificación que exhibió el bloque opositor en la misma noche de la elección.
La derecha se encolumna
Mientras en el comando de Jara se procesaba
una victoria con sabor a derrota, la sede del Partido Republicano vivía un
ambiente de "euforia". La verdadera victoria de la noche no fue para
quien obtuvo el primer lugar, sino para quien demostró tener la capacidad de
construir, en cuestión de horas, la amplia coalición de cara a la contienda
final.
La aritmética de la unificación de la
derecha es tan simple como contundente. Sumando los porcentajes de los
principales candidatos del sector que ahora respaldan a Kast, se obtiene una
plataforma de partida formidable: José Antonio Kast (Partido Republicano), 24%;
Evelyn Matthei (UDI), 12,5%; Johannes Kaiser (Partido Nacional Libertario), 13,9%.
El poder de este bloque sería inapelable si
se incluye al sorpresivo tercer lugar: entre Kast, Matthei, Kaiser y Parisi, sumaron
un categórico 70% de los votos, dejando a la izquierda en una clara y profunda
desventaja matemática para el balotaje. La "postal contundente" de
unidad en el búnker de Kast, con la presencia y el respaldo inmediato de Matthei
y Kaiser, envió un fuerte mensaje de cohesión que no es solo producto del
cálculo electoral, sino que responde a corrientes de fondo mucho más profundas
que unen a los postulantes derechistas.
Significativamente, el único ausente en esa “reunión cumbre”, Parisi, es el que recogió los votos más impredecibles, quizá los que con mayor claridad evidencian la volatilidad de fondo del escenario político chileno.
Las corrientes de fondo hacia el balotaje
Esta elección, en la práctica un plebiscito
sobre la gestión del gobierno de Gabriel Boric, mostró el descontento
generalizado con el oficialismo, principal motor del voto por la oposición. El
desgaste del gobierno se explica por una confluencia de factores que minaron su
base de apoyo y generaron una percepción de crisis generalizada:
• Promesas incumplidas:
la incapacidad de la izquierda para materializar las grandes expectativas
generadas tras el estallido de 2019 provocaron una "desilusión
tremenda" en su propia base electoral.
• Fracaso
del proceso constituyente: este hito es un punto de inflexión clave por su incapacidad
de resolver la cuestión de la reforma constitucional, y como anticipo de la
acelerada erosión de la credibilidad y el capital político del gobierno que lo
impulsó.
• Crisis de
seguridad: el "avance del crimen organizado" y los "niveles de
percepción de inseguridad en máximos históricos" se instalaron (en parte por
la insistente propaganda de los medios masivos) como la principal preocupación
ciudadana, un área donde el gobierno es visto como ineficaz.
• Estancamiento
económico: la "lentitud de la recuperación económica" se sumó a la
sensación general de un mal gobierno que, en palabras de Kast, "le hizo
daño a nuestra patria".
Kast capitalizó ese escenario con una estrategia de confrontación directa, articulada en frases de alto impacto como "lo que tenemos que evitar es la continuidad de un muy mal gobierno, quizás el peor gobierno que recordamos de la historia democrática de Chile", y su veredicto de la noche electoral: "La oposición derrotó a un gobierno fracasado". Este fracaso percibido provocó un cambio sísmico en las prioridades de la ciudadanía, desplazando el eje del debate político.
Seguridad y economía como nuevos ejes
Un cambio fundamental respecto de 2021 en los
temas que dominaron la campaña electoral chilena: las demandas de
transformación social que impregnaron la agenda entonces fueron reemplazadas
por una abrumadora exigencia de “orden, seguridad y estabilidad” económica. Las
palabras más repetidas en los debates presidenciales reflejaban esa realidad:
"orden", seguida de "emergencia", "delincuencia",
"recortes" y "fracaso".
Las cifras que miden la ansiedad ciudadana
son elocuentes y pintan un cuadro de profunda inquietud:
• Seguridad:
ocho de cada diez chilenos creen que la delincuencia se agravó en los últimos
meses, y un 63% menciona el crimen y la violencia entre sus principales
temores.
• Economía:
un 45% de los hogares declara que "no llega a fin de mes" y un
alarmante 72% sufre algún tipo de deuda.
• Desempleo:
la falta de trabajo inquieta al 45% de la población, reflejando expectativas
laborales deterioradas.
En este escenario, el discurso de "mano
dura" de Kast penetró con fuerza. Su giro estratégico, abandonando la
"batalla cultural" para enfocarse casi exclusivamente en seguridad y
economía, amplió decisivamente su base electoral. Promesas como el "cierre
de las fronteras" y la "mano dura contra el crimen" conectaron
directamente con la agenda mediática.
El fenómeno se vio potenciado por el voto
obligatorio, que sumó entre cinco y seis millones de nuevos votantes. Este
electorado masivo, en gran medida "apolítico", no respondió a
lealtades ideológicas sino al "termómetro político" del momento. Su veredicto
fue simple: "un gobierno que no cumplió". Este voto pragmático y de
castigo explica en gran medida el vuelco hacia la extrema derecha y su mensaje
de orden.
El fantasma de 2019
La elección de ayer y la que viene en los
próximos 30 días representa la culminación y la disputa por la interpretación
del ciclo político abierto por el levantamiento popular de octubre de 2019.
Todos los candidatos, desde la izquierda hasta la derecha buscan, de una u otra
forma, un cierre a ese período de inestabilidad.
El fracaso de la izquierda en capitalizar
políticamente el estallido social pavimentó el camino para el resurgimiento de
la derecha. Fue la propia izquierda la que encabezó la "domesticación del
ciclo revolucionario" al ofrecerle a la derecha el "salvavidas de una
Constituyente" que finalmente fracasó. Sobre las ruinas de este proceso llegó
al gobierno Boric, percibido por muchos como una "traición a todas las
reivindicaciones populares".
En un movimiento de brillantez estratégica,
Kast se reapropió del discurso de 2019 para darle un nuevo significado. Su
proclamación durante la noche electoral —"Esta noche Chile sí despertó,
pero despertó de verdad"— es un giro semántico que contrapone el
"despertar" del orden y la seguridad (la “mano dura” que se propone
encarnar, en las calles y en la economía) y la traición al
"despertar" de la protesta de 2019 representada por Boric y su
coalición política.
Este choque de narrativas se refleja en las
plataformas. Mientras la derecha propone cerrar el ciclo con "orden"
y "mano dura", la izquierda intentó torpemente moderar su discurso.
El ejemplo más claro es el de Jeannette Jara, ahora defendiendo el sistema
privado de pensiones (AFP) que antes combatió, y su resignación del terreno en materia
de seguridad para no quedar “desconectada” de la agenda mediático – electoral. Esta
polarización sobre el pasado y el futuro de Chile define la disyuntiva final
que enfrentará el país en el balotaje.
La contienda para la segunda vuelta del 14
de diciembre quedó definida, por un lado, con Jeannette Jara enfrentando una
batalla muy cuesta arriba, cargando con el desgaste de un gobierno impopular y
la necesidad de movilizar a un electorado desilusionado. Por otro, José Antonio
Kast arranca con un fuerte impulso, respaldado por una derecha unificada (hasta
el 14 de diciembre) y un discurso que sintoniza con las principales ansiedades
de la ciudadanía.
El resultado no solo definirá al próximo
ocupante del Palacio de La Moneda, sino que influirá grandemente el rumbo
político y social de Chile, decidiendo si finalmente se cierra o, por el
contrario, se reabren las profundas tensiones heredadas de la última y
turbulenta década.





